Una de las actividades para un curso virtual que estoy realizando sobre Renacimiento y Barroco, era idear un relato histórico sobre Felipe II y la construcción de El Escorial. Debía tener mil caracteres y yo leí mil palabras, con lo cual el trabajo quedó hecho y solo pude enviar parte de él, muy resumido como es lógico.
No me resigno a dejarlo en el olvido y aquí os lo muestro:
La última morada.

Para garantizar mis dominios he
de vigilar la pureza de la fe. Construiré un majestuoso
edificio, creado para alabar a Dios no para satisface la soberbia del hombre y
donde mi padre Carlos V, reposará definitivamente.
-Ya te dije hijo mío, que mi
última morada era tu decisión.
Por esto escogeré a los mejores
arquitectos, pediré proyectos a los más capacitados, a la Escuela de Florencia,
a Miguel Ángel… Me inspiraré en las mejores obras creadas en Italia hasta la
fecha. La mía llevará la inspiración divina. Será una emanación de mi carácter. Será modelo y ejemplo para la posteridad.
Para elegir el lugar convoqué una
comisión formada por sabios, filósofos, arquitectos y canteros que determinaron
el mejor lugar para su ubicación, conforme a la doctrina de Vitrubio: sanidad,
aire y agua abundante.
-Majestad el Concilio de Trento…
Mi obra se ajustará a las normas
eclesiásticas y a las innovaciones de la arquitectura. No requeriré a maestros,
ni canteros, ni gremios, bastantes problemas organizativos nos proporcionaron
durante las obras del Alcázar toledano.
Esta vez quiero un arquitecto y
yo. Un arquitecto humanista con conocimientos en geometría, en álgebra. Un
matemático que deduzca la proporción y el equilibrio. La visión del monasterio
no será perturbada por ornamento inútil, ¡Que la belleza sea total! Ni Diego de
Siloe, ni Covarrubias, solo Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera pueden responden
a mi requerimiento, han respirado los
innovadores aires italianos, son arquitectos ingenieros y matemáticos. Tendrán
en cuenta las normas de Trento y sabrán satisfacer a todos, buscando las mejores
soluciones. Yo también aportaré mis
conocimientos, producto de largos años de estudio concienzudo, consultando la Arquitectura Sebastian Serlio, traducido
y dedicado a mi persona por Villapado. Quiero ventanas como una vez
fueron construidas en las famosas termas romanas, tomaré inspiración en
Palladio para diseñar la portada. Los techos de pizarra al estilo Flandes, los cimborrios, las torres...
¡Comencemos las obras!
Los
indicios astrológicos favorecen el día de San Bernardo, 20 de Agosto como fecha
propicia para colocación de la primera
piedra. Se le tallará una cruz roja y será colocada cerca de las reliquias de
San Jerónimo. Veintiún años después, el
13 de septiembre de 84 colocamos la última piedra en una cornisa de este Patio
de los Reyes, señalada con una cruz pequeña.
Fue la última piedra labrada por los canteros al pié de la propia cantera,
yo mismo fui a comprobar si el cambio era efectivo. Las grúas creadas por
Herrera me impresionaron, me alegré íntimamente de mi acierto al elegir un
hombre tan capaz. Una vez
repartidas las tareas, se comienza a trabajar por el eje central, una cuadrilla
para cada lado. La competencia entre ellos se traducía en mayor rendimiento.
Pero 1577 será un año aciago: un mal día los canteros se amotinan. El
21 de julio cae un rayo sobre la torre de la Botica y el 9 de noviembre aparece
un cometa sobre el monte de San Benito, eran signos demoníacos que consiguieron
crean una leyenda negra alrededor del Monasterio.
El destino me da un respiro y en 1578 nace mi heredero al trono, por ello doy
gracias Dios.
Pero la mala estrella no deja
de sitiarme, las fisuras de los dos pilares torales del norte hacen que el
cimborrio no cubra el espacio previsto. ¿Será un castigo del Divino? Ordenaré
misas y novenas para evitar su derrumbe.
¡Dios me escuchó!
En 1582 colocamos la cruz en la aguja del cimborrio, milagrosamente
salvado. Este feliz día se adereza con la incorporación de Portugal y sus
Colonias a la Corona de Castilla. Habrá
procesiones y Acción de Gracias. ¡Loado sea Dios!
Un año después colocamos la estatua de San Lorenzo. Monegro trabajó
sobre ella, respetando todas mis decisiones. Por fin en pocos meses más,
podremos quitar los andamios y las cimbras, embellecer los muros y los artesonados. Buscaremos mármoles blancos
de la Sierra de los Filabres y negros de Las Navas para enlosar el pavimento,
vendrán artistas italianos a decorar con sus pinturas, Zúccaro, Tobaldi, el Greco…
-No, El Greco no.
Cierto, su mensaje no es claro. Las normas contrarreformistas no lo
permiten pero su obra permanecerá a mi lado. Por esas normas tuvimos que modificar el proyecto. Nos pedían doblar a cien el
número de monjes jerónimos, nos pedían una biblioteca, un seminario,
colegios…Nos pidieron demasiado, pero había que dar respuesta a Trento para seguir
siendo cabeza de león. Con estas modificaciones El Escorial se convirtió en el
núcleo de la Contrarreforma, nada menos.
Aquí rodeado por mi familia perpetuamente, sigo meditando a cerca de
los aconteceres pasados. Esta Basílica, ocupa
el centro del edificio, el corazón desde donde se irradia la luz y la vida. Nada funciona
sin corazón, yo también lo tuve oculto tras un vestido negro, y aún bajo esta
piedra tallada por Leoni late un corazón que emulando a Justiniano cuando
contempló su Santa Sofía: grita a viva voz: ¡Salomón te he vencido!