Nada de lo que hacemos o decimos se pierde en el vacío. El aire está lleno del pensamiento de todos. Almafuerte. (1854-1917)

sábado, 5 de junio de 2010

Habla, palabra...


El lenguaje es un reflejo de la realidad, se conoce a un determinado grupo de acuerdo a su vocabulario. Es la manifestación de una cultura, pues cada lengua contiene los saberes, creencias e ideas acerca de la realidad que comparte una comunidad. El lenguaje es la primera forma con que el ser humano puede objetivar el conocimiento de sí mismo y del mundo. A través de las palabras que se le da a las cosas, el mundo adquiere una fisionomía de un mundo familiar y humano. En el lenguaje se consolida el saber acumulado por generaciones.

La filosofía va más allá y retomará el estudio del lenguaje de una forma más profunda y abstracta, investigando la relación del lenguaje con el pensamiento y el ser.
Desde la Antigüedad numerosos filósofos han abordado el problema, será Heidegger, basándose en la fenomenología de su maestro Husserl, la hermenéutica de Wilhelm Dilthey y la filosofía de Aristóteles quien desarrollará su teoría sobre el lenguaje.
El lenguaje es anterior al habla, cuando nacemos ya tenemos lenguaje, con sus significados preestablecidos. Heidegger habla de una precomprensión del mundo contenida a priori en el lenguaje, que solo emerge cuando se ha nombrado la cosa. Se puede considerar que el lenguaje es la esencia del ser humano y todo lo que puede ser comprendido, será a través del lenguaje.
Todos los conceptos que tenemos y que manifestamos con las palabras, tienen que ver de cómo uno piensa y vive. De su pasado y su cultura. Cada palabra tiene un significado dentro (representación psíquica del objeto mencionado) son conceptos que están conectados a símbolos, como arte, amor, belleza…

Heidegger considera que el lenguaje cuando se sobreusa, pierde el concepto original y por eso estos conceptos ya no son aptos para hacer un estudio en profundidad del Ser. Será la poesía la expresión máxima del lenguaje.
Dice el autor que el ser humano habla incluso cuando no pronuncia palabra alguna. Hablamos cuando escuchamos o leemos. Mediante el habla expresamos y comunicamos estados de ánimo guiados por los pensamientos. Así el habla es expresar, es exteriorizar. Esto presupone que existe un interior que se exterioriza.
El habla es una actividad del ser humano que habla una lengua determinada, luego será el habla quien realiza y resalta al humano, por tanto el hombre sería una promesa del habla. Pero estas características no son suficientes para delimitar el habla de lo que esencialmente es.
Más si debemos buscar el habla del habla en lo hablado, debemos encontrar un hablado puro en lugar de tomar indiscriminadamente un hablado cualquiera. Un hablado puro es aquel donde la perfección del hablar, propio del hablado, se configura como perfección iniciante. Lo hablado puro es el poema. [1]

La forma de estar cerca del habla es hablando. Pero será precisamente donde no encontremos la palabra adecuada a lo que sentimos, y lo que tenemos en mente no lo podamos hablar, cuando el habla nos muestre por un instante su esencia.
Dice el poema de Stefan George “Ninguna cosa sea donde falte la palabra”, la palabra que da nombre a las cosas. Solo cuando se encuentra la palabra existe la cosa, solo de este modo es. Pero solo hay ser si se nombra la palabra apropiada y la palabra toma su propiedad del ser que reside en la palabra. Así, “El lenguaje es la casa del ser. En esta morada habita el hombre. Los poetas y los pensadores son los guardianes de esta morada.” [2]

La palabra es esencia en el sentido de que solo mediante palabras se puede llegar al pensamiento que es la esencia del ser humano, porque sin palabras no hay pensamiento.



[1] http://www.heideggeriana.com.ar/textos/el_habla.htm Versión castellana de Ives Zimmermann, publicada en HEIDEGGER, M. De camino al habla, Ediciones del Serval, Barcelona, 1990
[2] REALE, G. ANTISERI, D. Historia del pensamiento filosófico y científico. Tomo III. Herder. Barcelona 2002. Pág. 525.

domingo, 2 de mayo de 2010

Para los héroes anónimos...

Probablemente a estas alturas te estarás preguntando ya, '¿Qué camino es ese? ¿A qué tanto temor y tanto andar de puntillas por la vida? ¿A qué tanta lucha interna, tanta inquietud, miedo y desesperación?'
Es el miedo y la desesperación de los condenados a recorrer el camino del héroe.
'Existen hombres decididos a no contentarse con la realidad. Aspiran los tales que las cosas lleven un curso distinto: se niegan a repetir los gestos que la costumbre, la tradición, y en resumen, los instintos biológicos les fuerzan a hacer. Estos hombres llamamos héroes. Porque ser héroe consiste en ser uno, uno mismo. Si nos resistimos a que la herencia, a que lo circunstante nos impongan unas acciones determinadas, es que buscamos asentar en nosotros, y sólo en nosotros, el origen de nuestros actos. Cuando el héroe quiere, no son los antepasados en él o los usos del presente quienes quieren, sino él mismo. Y este querer ser él mismo es la heroicidad. No creo que exista especie de originalidad más profunda que esta originalidad 'práctica', activa del héroe. Su vida es una perpetua resistencia a lo habitual y consueto. Cada movimiento que hace ha necesitado primero vencer a la costumbre e inventar una nueva manera de gesto. Una vida así es un perenne dolor, un constante desgarrarse de aquella parte de sí mismo rendida al hábito, prisionera de la materia'. J. Ortega y Gasset, 'Meditaciones del Quijote'